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Carros

A la romeria a caballo. Breve historia de una evolución

Castellón ha sido desde siempre un pueblo agrícola y tradicionalmente el carro y la yegua eran, por un lado, el vehículo empleado para transportar cosas, y por otro el animal que ayudaba a cualquier trabajo en el campo. Casa sí, casa también, el labrador mantenía como un preciado bien aquel vehículo de dos ruedas que, enganchado al animal de tiro, facilitaba el transporte y desplazamiento, junto con la yegua, el bien más preciado de la casa y responsable de muchas bocas...

Carros empujados por majestuosos caballos llenaban las calles. Y al llegar la fiesta, el día grande, el día de la romería, el carro y la yegua se convertían en protagonistas. Familias enteras o collas de jóvenes, adornaban el carro, con papeles de colorines y algunas flores, vestían a la yegua con sus mejores galas y, con sana porfía empezaban el camino hacia la Magdalena.

Los pies de la ermita y las parcelas de los alrededores eran ríos de vida. Los carros, a cada cual más adornado y, los animales, a cada cual mejor vestido; y después de un día de fiesta en armoniosa compañía, su entrada en la ciudad no tardó nada en convertirse en espectáculo. Después vinieron los concursos para premiar el mejor conjunto y aumentar la autoestima de su propietario, quien era reconocido por todo el pueblo...

Pero, como todo en esta vida, también la evolución de la ciudad, el progreso, fue poco a poco arrinconando a los carros y a las caballerías a la vez que ocupaban su lugar las camionetas, camiones y en una economía menor los motocultores con remolque. Y, del mismo modo que en el día a día menguaban los carros y caballos y aumentaba el número de "Pasqüalis, Agria, Truss, Terbu, Maccaper..." y empezaban a circular por las calles "los primeros carromatos" y furgonetas, vehículos a motor de carga, "Citroën, Nissan, Volskwagen", al llegar el día de la romería se usaban "los vehículos a motor" cambiando por unas horas la carga agrícola o industrial por la "humana" y acercando a los castellonenses a la ermita.

No era lo mismo. Por unos años se perdió la vistosidad de los carros, a pesar de que siempre había alguna colla que "en recuerdo de las antiguas tradiciones adornaba las ruedas o los toldos de las cajas de estos vehículos". Poco a poco la espectacularidad de la entrada de los carros al volver de la romería fue decayendo, hasta llegar casi a desaparecer por completo.

La llegada de la democracia trajo la aparición de las Collas como fenómeno social, festivo y participativo, jugando un papel importante y fundamental en la evolución festera, al ser entidades que por un lado buscan la renovación y el fortalecimiento de los actos de cariz popular y, por la otra recuperar tradiciones y cultura. Por eso pronto nuevos actos impulsados por las Collas ocuparon espacios festeros y temporalización dentro de la semana magdalenera. Y no se tardó demasiado en potenciarse nuevamente "el concurso de carros", a pesar de que se adaptó a los nuevos tiempos como concurso de "vehículos engalandos".

Paralelamente al respaldo que la Junta de Fiestas de Castellón dio a la recuperación de la Tornà de la romería, en colaboración con la Federación de Collas, pasó a convocar anualmente el "Concurso de motocultores, tractores, automóviles y camiones engalanadados" con importantes premios y con protagonismo festero para aquellos vehículos que a criterio del jurado consiguieran las mejores alusiones festeras o el mayor número de votos.

La ida y sobre todo el retorno de la Magdalena toman un nuevo impulso. La explanada de la ermita recibe cada año el día de la romería, nuevas Collas con nuevos vehículos, donde la imaginación, el trabajo, el ingenio y el saber hacer despiertan la admiración de vecinos y forasteros. Los márgenes del puente de acceso a la ermita son el lugar asignado; allí preparan la comida que comparten con sana alegría. Y, llegada la hora de la Tornà, preceden a ésta; el viejo Caminàs, Sant Roc, la huerta, Lledó, el Horno del Pla y las calles más céntricas, vuelven a rememorar la vieja costumbre y tradición "del regreso de la romería a caballo" a la vez que se admira la belleza ornamental, criterios etnográficos y la creatividad de nuestra gente...

Desde el vehículo más sencillo, decorado con algunas ramas y hojas de palmera, hasta las típicas alquerías con herramientas pintadas o colgadas, pasando por recreaciones de "la panderola", la magdalena..., estos vehículos se convierten en una de las señas de identidad propias de los castellonenses que reviven la fiesta como los antepasados, los del carro y la yegua, costumbre que no quieren dejar perder.

Asociaciones, collas como la PTK, la Panolla, la Corbella, Cagarròs, Vora sèquia, Maneguetes, y otras muchas, han contribuido sin duda en los últimos años a dar resplandor a nuestras fiestas con reproducciones simbólicas de clara referencia cultural y tradicional que han merecido ser galardonadas en diferentes ediciones y que hemos podido ver no sólo en "la entrada de carros" sino también después, en la cabalgata infantil, y en los últimos años visitando algunos sectores gaiateros con un sentido claro de hermanamiento entre colectivos.

El futuro de los carros en la Magdalena pasa indudablemente por las Collas, pues son estas entidades con su espontaneidad y dinamismo consustancial a la celebración de fiesta, las que han tomado el relevo a los "labradores del pueblo", propietarios de carros y yeguas, que teniendo cercanas las fiestas, se organizaban informalmente en cuadrillas para ir a la romería, estableciéndose "topeties" entre ellos para ver quién traía el carro más lucido y el animal más "bien vestido".

Los carros engalanados han sido y son cultura popular de nuestra fiesta y elementos en constante evolución que año tras año se hacen y se rehacen a sí mismos en virtud de los impulsos anónimos de hombres y mujeres del pueblo, de esta o de aquella Colla, que por espontaneidad, tradición oral o reproducción fidedigna abren el verdadero milagro de una nueva creación concebida e imaginada primero y después creada. Carros que, además de sus valores formales -muchas veces son el propio local de la Colla, y simbólicos, representativos, poseen específicos valores de uso de una vida efímera, ajustada a la semana festera. Esto hace que el reconocimiento de su trabajo por parte de otras personas sea para ellos un orgullo.

De aquellos inicios inciertos de recuperación de los carros engalanados por la transformación del carro al vehículo de motor hasta hoy en día, un fuerte espíritu de tradición cultural combinado con un evolucionismo interesado en mantener las costumbres y las creencias, nos sirve como complemento perfecto para afirmar que: topeties y lucimientos, esfuerzos e ilusiones, horas de dedicación restadas al sueño, diversión y recuerdo, que todo se supere. Pues hace falta también ahora, en el siglo XXI, hacer posible aquello que ya decía el admirado Bernat Artola y que sentimos cada año al Pregón, "Ir a la romería, no es tanto sólo ir de fiesta".

Y desde aquí un deseo para este 2009: buenas ideas, mejores carros y fiestas compartidas con armonía y convivencia desde la informalidad más formal.

José Juan Sidro Tirado

Vocal del Consejo Municipal de Cultura

Predident de Colla 2009, Colla Pixaví

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